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La Vida después de la Muerte

Nosotros le tememos a la muerte tanto como los niños le temen a la oscuridad, decía Francis Bacon. La muerte es algo que ignoramos, que rompe con la continuidad de nuestra vida. Su amenaza es grande, porque no sabemos lo que nos espera más allá de la misma. Pero morir es tan natural como nacer, de la misma forma en que los árboles pierden sus hojas en el otoño y retoñan de nuevo en primavera. Cada forma de vida perece para dar paso a la nueva.

Nosotros podemos reducir al mínimo el aspecto amenazador de la muerte, si sabemos cómo prepararnos para recibirla, cómo es ese proceso, y qué hay después ella. Existe a nuestra disposición una gran cantidad de información, tanto antigua como moderna, para aprender a lidiar con la muerte.

La Preparación para la Muerte

Cuando una criatura va a nacer, hacemos todos los preparativos necesarios. No dejamos que el nacimiento ocurra sin anticiparnos a este acontecimiento, para poder brindarle al recién nacido cuanto necesita, sabiendo que la criatura nace desvalida. De igual modo, puesto que todos moriremos, también debemos hacer todos los preparativos necesarios para ello, pero en este caso sí podemos ayudarnos a nosotros mismos.

La mejor preparación para una buena muerte es una buena vida, una vida vivida de la forma correcta. Esto significa que mientras más pronto comencemos a prepararnos para tener una buena muerte, mejor viviremos mientras tanto. Podemos hacer varias cosas, que no solamente serán buenas dentro de la vida presente, sino que nos ayudarán cuando la muerte advenga. Entre ellas, tenemos las siguientes:

  1. Busque información sobre qué esperar al respecto. Existen muchos libros que relatan cómo se producen los hechos antes, durante, y después de la muerte. Algunos se basan en observaciones comunes del proceso de la muerte. Otros son relatos de personas que estuvieron casi a punto de morir, pero que revivieron (ECM, “experiencias cercanas a la muerte”, por sus siglas en castellano; o NDE, “near death experiences, por sus siglas en inglés). Y dentro de la Antigua Sabiduría o la moderna Teosofía, existen también libros con enseñanzas sobre la muerte y la vida después de la muerte. Documéntese leyendo algunos de estos libros para saber todo lo que se explica sobre este acontecimiento inevitable y natural.

  2. Aprenda a fluir con la corriente. No cabe duda de que la muerte es un gran cambio de condición en nuestra existencia actual, como mismo lo es el nacimiento, conque espere hallar diferencias. Una forma de prepararse para este acontecimiento es por medio de la meditación, durante la cual puede adentrarse en estados alterados de conciencia que son, de cierta forma, parecidos a los que experimentará después de la muerte. Aprenda algunas técnicas de meditación leyendo buenos libros sobre este tema, o estudiándolo con maestros confiables.

  3. Descubra quién es usted verdaderamente. Una de las más importantes consecuencias de la muerte es que tenemos que reajustar nuestra percepción de quiénes somos y qué somos. Comúnmente, en el transcurso de nuestras vidas, solemos identificamos con nuestros cuerpos físicos, con nuestras percepciones sensoriales, instintos, emociones y pensamientos. Pero en el momento de la muerte y después de la misma perdemos todo eso, conque tenemos que reajustar la percepción de nuestra propia identidad. Esto puede horrorizarnos, a menos que estemos debidamente preparados para ello. La meditación puede ayudar en este proceso de reajuste, permitiéndole hacer contacto con su ser interno, que es su verdadero Yo.

  4. Haga una diaria revisión de su vida. Se nos dice que en el momento de la muerte, en apenas un instante, desfilan ante nosotros todas las imágenes de los acontecimientos que tuvieron lugar en nuestra existencia. Prepárese conscientemente para esa experiencia cada noche antes de dormir, haciendo mentalmente un recuento de todas sus actividades ocurridas durante el día. Puede también tener un diario donde escriba sus experiencias e impresiones cotidianas, para luego examinar cuanto le aconteció. Esta evaluación no es un mero juicio sobre lo que estuvo bien o mal, sino una forma de conocer mejor sus propios actos y su forma de reaccionar. Esas pequeñas recapitulaciones diarias harán que la gran revisión final le resulte mucho más sencilla.

  5. Cree un estado mental que trascienda las experiencias cotidianas. Podría serle de ayuda repetir oraciones, afirmaciones, o mantras. Por ejemplo, algunos cristianos gustan de rezar un Padrenuestro o hacer un rosario. Algunos budistas se inclinan por la repetición de un mantra como el Om Mani Padme Hum. Algunos hindúes prefieren cantar o recitar el Om, “Yo soy Aquéllo (el Absoluto)”. Y a muchos teósofos les gusta repetir estos hermosos versos que destacan la unidad de la vida:

    Oh, Vida Oculta, que vibras en cada átomo,
    Oh, Luz Oculta, que brillas en cada criatura,
    Oh, Amor Oculto, que todo lo abarcas en la unidad.
    Que cada ser que se sienta uno contigo,
    Sepa que, por lo tanto,
    es también uno con todos los demás.

  6. Piense acerca de la vida en un contexto más amplio. Tome conciencia de que su vida presente es solamente una fase del gran ciclo de su existencia, una vida o encarnación entre muchas otras, todas regidas por la ley del karma. Recuerde que lo que usted es ahora es el resultado de sus anteriores pensamientos y obras, y que la forma en que usted actúe y piense hoy, determinará lo que será mañana.

  7. Visualícese cómo le gustaría ser o en qué quisiera convertirse. Imagínese bañado de una luz gloriosa y refulgente que se extiende por todo el universo, fluyendo a través suyo y uniéndolo a las demás formas de vida.

Existen otras muchas maneras, tanto generales como particulares, descritas en las enseñanzas teosóficas, que le ayudarán a prepararse para afrontar la experiencia de la muerte.

El Proceso de la Muerte

Cuando vemos morir a alguien, la muerte nos parece el fin, una vida que se acaba y una retirada de la corriente de vida, un proceso negativo. Pero quienes han atravesado por la fase inicial de esa etapa y han revivido, afirman que es algo muy distinto. Muchas de las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte (ECM) aseguran haber tenido una profunda sensación de paz y bienestar, con un claro conocimiento de estar fuera de su cuerpo. Libres del confinamiento de la envoltura física, hallan que su conciencia puede desplazarse libremente, observarlo todo sin obstáculo alguno, y viajar adondequiera.

Al principio del estado post-mortem tiene lugar una revisión de la vida pasada que transcurre rápidamente, como una película. Entonces el ser en ese estado atraviesa por un túnel oscuro que lo conduce hacia una luz brillante al otro lado, donde le aguarda un mundo de sorprendente belleza. Allí se reúne con amigos, guías o protectores que lo ayudan, le explican lo que sucederá después, y lo orientan en este nuevo mundo.

Los detalles relatados por personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte y han revivido son muy parecidos, con pocas variaciones. Sus relatos concuerdan igualmente con cuanto refieren las antiguas enseñanzas egipcias y griegas sobre los estados post-mortem, así como con las enseñanzas de la Teosofía moderna. Por lo tanto, existen buenas razones para creer que todas ellas definen con bastante exactitud la típica experiencia de la muerte, e indican además que no hay de qué temer. De hecho, quienes han atravesado por una experiencia cercana a la muerte no experimentan temor ante la misma porque ya saben lo que es: una consoladora y gozosa experiencia, el fin natural de nuestra vida terrenal.

El proceso de la muerte es como lo describiera Walt Whitman en su poema Canto a Mí Mismo:

Todo prosigue y se expande,
nada se desploma,
y morirse es distinto
de lo que cualquiera supondría,
y más afortunado.

Nosotros podemos ayudar a quienes atraviesan por el proceso de la muerte, permitiendo que su transición ocurra en una atmósfera de quietud y paz. No siempre podremos compartir con ellos nuestras convicciones personales respecto de la vida después de la muerte, pero nuestra calmada aceptación de la muerte los ayudará a aceptarla mejor y recibirla más apaciblemente.

La Vida después de la Muerte

De acuerdo con la tradición teosófica, cuando el proceso de la muerte se completa, nuestra personalidad sufre una transformación. Los impulsos, tendencias, emociones, pensamientos habituales y formas de reaccionar que comúnmente identificamos como nuestro ser, se analizan y ordenan. Todas las experiencias de la vida transcurrida se dividen en dos clases. Una está compuesta por cuanto es de naturaleza personal o egoísta, el aspecto transitorio de nuestra vida pasada, que forma una especie de cáscara o envoltura en torno al núcleo interno. Y la otra es el núcleo o centro mismo, formado por nuestros actos generosos, por esa parte no egoísta de nuestra naturaleza que trasciende lo meramente personal, y que incluye todas las cosas valiosas de nuestra experiencia vital que debemos preservar.

El desarrollo de este centro espiritual interno que yace dentro de nuestra envoltura individual o personal, es comparable a la gestación de la crisálida de la mariposa dentro de su capullo. Mientras este desarrollo está ocurriendo, según el Libro Tibetano de los Muertos, y según otras investigaciones, antiguas y modernas, podemos caer en una especie de sueño o inconsciencia, tener diversas experiencias, algunas idílicas y celestiales, y otras desagradables e infernales. Estas experiencias no son recompensas ni castigos, sino sencillamente proyecciones de nuestros propios estados internos de conciencia y de nuestro potencial. Nosotros no nos convertimos súbitamente en seres perfectos tras la muerte. Nuestros temores, esperanzas, júbilos y tristezas continúan existiendo y reaparecen en nuestras vidas después de la muerte.

Finalmente, ese núcleo o centro espiritual interno que guarda el buen fruto de la vida pasada, termina por incorporarse a nuestro Yo permanente individual, que es el verdadero Ser que habita en nosotros. Uno de los propósitos de practicar la meditación durante nuestra vida es aprender a identificarnos con ese Ser interno, y prepararnos para afrontar con más facilidad esa transición de la conciencia después de la muerte. Cuando la transición se completa, la cáscara o envoltura se disipa y despertamos a la completa felicidad celestial, a un estado grato y consolador en el cual no hay pena ni sufrimiento, sino solamente gozo y plenitud.

El tiempo de duración de nuestra permanencia en ese mundo celestial no puede medirse según el tiempo terrenal, porque es un estado subjetivo dentro del cual el tiempo terrestre es irrelevante. Pero después que descansamos y nos renovamos, sentimos la necesidad de tener otra experiencia vital nuevamente y escuchamos el llamado de la vida. Entonces empezamos el proceso de preparación para nacer en un nuevo cuerpo, y comenzamos así otro ciclo de nacimiento, crecimiento, madurez y muerte.

Como mismo la muerte precede al nacimiento, de igual forma e inevitablemente, el nacimiento precede a la muerte. Nacer y morir no son dos acontecimientos o procesos separados, sino que están unidos y se suceden alternando entre dos fases distintas de nuestra existencia: vida y muerte. Nuestra existencia, como la de la naturaleza que nos rodea, consta de ciclos: los ciclos anuales de verano e invierno; los ciclos mensuales de luna llena y menguante; los ciclos diarios del día y la noche; los ciclos de sístole y diástole del corazón, y otros muchos ciclos que marcan los períodos de nuestra vida. Contemplados desde esta perspectiva, la vida y la muerte son estados de un proceso continuado, y la muerte no es el fin, sino un punto de cambio de un estado a otro, algo muy distinto de lo que cualquiera pudiera suponer, afortunadamente.

La Sabiduría Antigua sostiene que la vida y la muerte, nacer y morir, son solamente acontecimientos temporales dentro del vasto ciclo de nuestra existencia. Nosotros los repetimos en la tierra hasta que aprendemos todo lo que este mundo puede enseñarnos. Entonces continuamos con otras formas de actividad y descanso, en un eterno peregrinaje a través de todos los mundos del cosmos. Lo que llamamos la muerte es apenas una pausa temporal, un minúsculo punto de retorno en una aventura enraizada en la Realidad Divina y, por lo tanto, no tiene principio ni fin.

Lecturas recomendadas:

(Los siguientes libros están disponibles solamente en inglés.)

  • Death and After, de Annie Besant.

  • Letters to a Dying Friend: Helping Those You Love Make a Conscious Transition, de Anton Gras.

  • Through the Gateway of Death, de Geoffrey Hodson.