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LA REENCARNACIÓN

Observando la naturaleza, nos damos cuenta de hay un orden cíclico en la existencia dentro del universo. Una estación viene tras otra, como mismo la noche le sigue al día en rítmica secuencia. No podemos imaginarnos una noche que no se convierta en día, ni un invierno que no lleve a una nueva primavera. Las fases de la luna, los ciclos de crecimiento de las plantas y los árboles, la danza cósmica de las estrellas, todo parece seguir un patrón establecido de ciclos de existencia dentro del progreso evolutivo de la vida.

LOS PATRONES CÍCLICOS

En nuestra propia vida descubrimos un patrón similar de ciclos. En las veinticuatro horas del día hay períodos de actividad que alternan con períodos de descanso. La ciencia médica nos dice que el cuerpo humano tiene ciclos, tales como los movimientos sistólicos y diastólicos del corazón, y el crecimiento y renovación celular. Se ha descubierto que el cerebro también está regido por ritmos. La sicología indica igualmente que hay ciclos de depresión, seguidos de períodos de exaltación; ciclos de actividad mental, seguidos de períodos de tranquila contemplación. Física, emocional y mentalmente, los períodos de actividad y los períodos de relativo descanso alternan.

Los historiadores y los sociólogos también observan un patrón cíclico en los acontecimientos mundiales. Las guerras, las depresiones mundiales, los cambios climáticos, las fluctuaciones del mercado, los ciclos de la luz y las ondas sonoras, los períodos de criminalidad, la reaparición de epidemias, las eras geológicas, todos ellos pueden calcularse. Las investigaciones realizadas durante varias décadas por la Fundación para el Estudio de los Ciclos (Foundation for the Study of Cycles, Inc.) han servido notablemente para establecer un patrón de acontecimientos basados en este principio.

LOS CICLOS DE EVOLUCIÓN

Dentro del campo más amplio del patrón evolutivo, la ley de periodicidad o de manifestación cíclica opera en forma similar. La vida evoluciona a través de una serie de patrones rítmicos y recurrentes, y posee un ritmo con el cual podemos identificarnos. El ego Inmortal tiene períodos alternativos de actividad y descanso, de inhalación y exhalación en el pulsar de la vida. Ese ser busca la auto-expresión a través de los pensamientos, deseos y acciones dentro de la existencia. Pero también el reposo y la distracción son necesarios para que pueda repasar las experiencias de la existencia anterior y convertirlas en nuevas habilidades, capacidades y poderes adquiridos como cualidades eternas. Este ciclo de actividad y descanso que le permite al ser inmortal descubrir todo su potencial es lo que llamamos reencarnación.

La reencarnación es, simplemente, la afirmación de la indestructibilidad del alma y la certidumbre de que tendremos disponible todo el tiempo que sea necesario para el completo desarrollo o manifestación de nuestro ser eterno. Reencarnar es retornar de nuevo a la vida física, habitar nuevamente en la materia y en el plano material.

EL MÉTODO DE TRANSPORTE

Podemos pensar, en cierto modo, que la reencarnación es nuestro método de transporte a través de la evolución. Por lo tanto, es un método antes que una finalidad. Si deseamos ir, por ejemplo, de Chicago a Nueva York, podemos escoger varios medios de transporte para viajar. Podemos ir en avión, tomar un tren, o viajar empacando las cosas en nuestro coche y manejando por las carreteras que unen nuestros puntos de partida y destino, e incluso detenernos en el camino si no estamos apurados. La distancia recorrida seguirá siendo la misma, pero el tiempo que tomará atravesarla dependerá de la voluntad y los deseos particulares de cada viajero.

De este modo, en el viaje evolutivo de la vida, en el gran viaje de la evolución, la distancia que tenemos que recorrer es igual para todos, pero podemos escoger la velocidad a la que avanzamos. Nuestra decisión depende de muchos factores: de nuestros deseos, pensamientos, acciones y habilidades desarrolladas (en resumen, de nuestro karma). Podemos avanzar resueltamente por el sendero espiritual o dar vueltas por el camino, y viajar durante un tiempo utilizando medios provistos por otros, hasta que aprendamos que para lograr un progreso concreto tenemos que hacer las cosas por nuestro propio esfuerzo. Y como mismo nos sucede cuando viajamos por el mundo, igualmente nos ocurre con el viaje de la vida: tenemos que observar reglas. Por ejemplo, cuando viajamos al extranjero, tenemos que limitar nuestro equipaje y disciplinar nuestros deseos de querer llevar más cosas con nosotros. En la vida espiritual también hay una disciplina, porque en este plano nuestro “equipaje” es el karma que hemos creado, la acumulación de acciones y reacciones generados con nuestros pensamientos, deseos y acciones.

LA REENCARNACIÓN COMO UNA OPORTUNIDAD

La reencarnación tiene lugar entonces como una oportunidad para que cada uno de nosotros realice ese viaje según su propia individualidad. No se trata tanto de un determinado número de vidas, como de una serie de oportunidades para alcanzar nuestra meta espiritual. Es la técnica que la vida emplea para que el ego obtenga experiencia y aprenda cómo debe vivir. Comprendiendo esto aprendemos a no identificarnos con la forma de viajar ni con el viaje en sí, sino con ese Espíritu Inmortal que ha escogido avanzar por el sendero de la vida. La reencarnación es entonces una certeza de logros futuros y un reto a mejorar los actos presentes.

Podemos contemplar a toda la humanidad como si estuviera ascendiendo por una gran escalinata, cuya parte inferior emerge de las sombras al inicio de los tiempos, y su parte superior desaparece en las glorias de la Divinidad, y en todo momento hay seres humanos en cada punto de esa escalinata.

LA INMORTALIDAD DEL ALMA

El primer hecho fundamental de la reencarnación es que el alma, el ser consciente, existe antes del nacimiento y continuará existiendo después de la muerte. Por lo tanto, como corolario, tiene que haber una existencia antes del nacimiento para que haya una existencia después de la muerte. El segundo hecho fundamental es que el alma evoluciona y que su desarrollo, desde su despertar inicial hasta que alcanza su espléndida madurez, abarca un enorme período de tiempo. Con el conocimiento de la reencarnación, contemplamos la vida como un peregrinaje a través del cual avanzamos hacia la perfección de la condición humana dentro de nuestra evolución.

Vemos entonces que el alma no entra a la vida como una nueva creación, sino después de numerosas existencias anteriores, durante las cuales adquirió sus actuales características, y avanza hacia futuras transformaciones que la presente existencia está moldeando. Los niños no son hojas de papel en blanco en las cuales puede escribirse cualquier cosa, ni tampoco una mera cohesión de fuerzas atómicas. Vienen inscritos con historias ancestrales que se remontan a un lejano pasado. Todas las cualidades que poseemos actualmente en cuerpo, mente y alma son el resultado de la forma en que utilizamos nuestras oportunidades en las existencias pasadas, y el uso que hagamos de nuestras presentes oportunidades determinará nuestro carácter y habilidades en el futuro.

EL PROCESO DE LA REENCARNACIÓN

El ego inmortal se apresta a su viaje. Ansioso de tener experiencias que lo conviertan en un ser perfecto, en un reflejo consciente de su Divino Creador, el alma entra a la corriente de la existencia. Se rodea de un cuerpo mental y emocional apropiados para su presente estado evolutivo, y crea un vehículo físico según las leyes de la herencia y sus propias necesidades, a partir de sus vidas pasadas. A través de las experiencias de la existencia, el alma avanza aprendiendo primero una lección y luego otra: nacimiento, madurez, vejez y muerte, en el ciclo de crecimiento vital.

La muerte sobreviene entonces para darle un descanso al instrumento físico, y que la asimilación de las experiencias vividas redunde en nuevas habilidades y una mayor madurez con la cual el alma pueda reanudar su viaje en otra encarnación. Así, la vida progresa de una forma cíclica, con una existencia terrenal para ganar experiencia, seguida de otra en distintos planos de existencia. Nuestros eternos propósitos se reflejan en el tiempo y en los vehículos transitorios que utilizamos: físico, emocional y mental, que recogen las experiencias mediante las cuales nos tornamos conscientes de nuestra naturaleza y propósito divinos.

LEY E INSPIRACIÓN

Comprender la verdad de la reencarnación es inspirador para nosotros, porque podemos darnos cuenta de que los grandes hombres y mujeres del mundo han predicado con su ejemplo y sus logros, lo que nosotros, con nuestros propios esfuerzos, podemos llegar a ser. El futuro proviene de las causas y efectos acumulados en el pasado. En su tránsito a través de las distintas personalidades terrenales, el ego espiritual adquiere ciertos rasgos que conforman su carácter y que se mantienen en un hilo permanente uniendo todas las vidas separadas.

Hay una enorme satisfacción en saber que la vida actual es apenas una sola dentro de las muchas existencias de cada persona, en una ronda de infinitas experiencias para alcanzar un resultado glorioso. La reencarnación no significa trasmigración (el retorno a la forma animal); por lo tanto, no debe confundirse jamás con esa otra teoría. Cuando el alma individualizada ha llegado a morar en una forma humana, ésta jamás puede retornar a una forma de expresión inferior al reino humano. El hijo pródigo podrá dar muchas vueltas antes de llegar al hogar de su Padre, pero cuando entra al sendero de la humanidad no puede ser nada menos que humano.

La gran lección de la reencarnación es que nuestros poderes son infinitos, nuestras oportunidades eternas, y nuestra meta ser a semejanza de Dios. Contemplando la vida como el punto de partida de nuestras oportunidades para el crecimiento, como el ser inmortal que somos, nos sentiremos ansiosos de trazar nuestro propio camino tomando el sendero de la vida espiritual. No hay meta más elevada que la que podemos lograr con un persistente esfuerzo, aunque se necesiten muchas vidas para alcanzar el triunfo. No hay fallo real en la vida, excepto la falta de valor para intentarlo todo de nuevo. Las oportunidades se nos presentarán una y otra vez, vida tras vida. Hay un tiempo para ascender y otro tiempo para crecer.

La reencarnación es el ritmo de la existencia. Cada instante muere antes de que el próximo nazca. Vivir conscientes de esta ley universal de los ritmos cíclicos es estar libres del temor y la duda, confiados en que el futuro nos traerá todas las posibilidades según aprovechemos las oportunidades del presente. La reencarnación reafirma el significado de la vida, indicándonos que todo tiene una razón de ser y un valor perdurable. La reencarnación es la gran vía emancipadora que nos libera del aprisionamiento temporal de la personalidad, conduciéndonos hacia la noble visión y la culminación de nuestra finalidad eterna. La vida es el gran romance, la elevada aventura de la evolución. El nacimiento y la muerte no son sino simples puntos de referencia en el camino.

A la luz de la reencarnación podemos descubrir una técnica para vivir mejor y con más plenitud, utilizando cada experiencia como una oportunidad para alcanzar un mayor desarrollo, y contemplando cada uno de esos instantes en el tiempo como una puerta de entrada hacia lo Inmortal.

LECTURAS RECOMENDADAS

Algunos libros que presentan de una forma amena el tema de la reencarnación son (en inglés):

  • Life Cycles, de Christopher Bache.

  • Reincarnation, de Annie Besant.

  • Reincarnation in Christianity, de Geddes MacGregor.

  • Theosophy: An Introductory Study Course, de John Algeo.

    Entre los estudios investigativos más importantes sobre el tema de la reencarnación se encuentran los realizados por el Dr. Ian Stevenson, profesor de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia. Sus libros publicados sobre este tema (en inglés) son:

  • Cases of the Reincarnation Type, 4 vols., 1975-83.

  • Twenty Cases Suggestive of Reincarnation, 1980.

  • Unlearned Language, 1984.

  • Children Who Remember Previous Lives: A Question of Reincarnation, 1987.

  • Where Reincarnation and Biology Intersect, 1997.

  • Reincarnation and Biology: A Contribution to the Etiology of Birthmarks and Birth Defects, 2 vols., 1997.

  • European Cases of the Reincarnation Type, 2003.