¿Quién soy Yo? ¿Qué quiere decir ser humano?
Nasrudin, el sabio tonto de los cuentos sufíes, fue al banco un día a cambiar un cheque y el cajero le pidió que se identificara. Sacó un espejo de su bolsillo y después de limpiarlo, se miró en él, y dijo: “Sí, ése soy yo”.
Nosotros podremos sacar una licencia de conducir en lugar de un espejo, pero nuestro sentido de quién somos podría ir no más lejos que el de Nasrudin. Muy pocas veces nos preguntamos realmente quiénes somos o qué quiere decir ser humano.
Conócete a Ti MismoA través de nuestra historia, los occidentales nos hemos tratado de conocer a nosotros mismos, tal y como lo aconsejaba el oráculo de Delfos. En la Edad Media, desarrollamos la teoría de los “humores”, que supuestamente determinaba nuestros distintos tipos físicos y psicológicos. En tiempos más recientes, algunos de nosotros hemos explorado el subconciente descubierto por Freud, lleno de nuestras peores cualidades; el inconsciente colectivo descubierto por Jung, lleno de cualidades heroicas y sabio potencial, e incluso la consciencia transpersonal, que va más allá de nuestras preocupaciones personales, investigada más recientemente en occidente.
La Sabiduría Antigua o Tradicional, llamada Teosofía, presentó desde hace tiempo un conocimiento más preciso y detallado de la naturaleza humana, que la psicología moderna aún tiene que dilucidar. La filosofía yoga, el budismo tibetano y las enseñanzas del antiguo Egipto, son apenas unas cuantas fuentes tradicionales, para la más amplia visión de la naturaleza humana que se halla en la Teosofía moderna.
Usted puede reconocer fácilmente aspectos propios de sí mismo en la descripción teosófica de la naturaleza humana, y posiblemente perciba débilmente otros más dentro de sí. Por ejemplo, muchas personas intuyen ser algo más que su cotidiana noción de inmortalidad, como dijera el poeta William Wordsworth. Dentro de cada uno de nosotros hay un centro, una chispa eterna, el atman o Yo, el Cristo interno, o la naturaleza búdica que es una con la divinidad que llamamos Dios. Nosotros expresamos este centro interno en el mundo, a través de los poderes que se activan gradualmente con las experiencias de la vida.
Los poderes, capacidades o habilidades mediante los cuales expresamos nuestro Ser interno, son llamados principios en la literatura teosófica. Podemos pensar en ellos como divididos en dos grupos: uno orientado principalmente hacia el mundo exterior y que es más efímero, llamado personalidad; y el otro, más profundo, interno y duradero, denominado individualidad. Expresiones tales como “era como si no fuera yo” o “estaba más allá de mí mismo” muestran que intuitivamente percibimos ambos un ser externo o “inferior” y un ser interno o “superior”.
La PersonalidadEn el primer grupo de principios, o personalidad, usted se puede reconocer fácilmente a sí mismo, porque es lo que usualmente identificamos como el “yo”, que consiste en los aspectos que son más familiares a nuestra naturaleza. Aunque algunas veces se le llama “ser inferior”, éste no es inferior a ninguna otra parte, tal y como una nota de “Do” central en el piano no es inferior al “Do” de la escala más grave. Ambos son partes necesarias de un todo.
La personalidad consiste de cuerpo físico (con ambas, la parte densa con la que estamos familiarizados y la parte más sutil que llamamos “el doble vital”, asociada con la energía que fluye a través de él), las emociones, y cierta parte de la mente.
Cuerpo, doble, y vitalidad. Cuando usted se siente cansado o con “poca energía”, el flujo de energía vital es bajo. Cuando usted se siente energetizado y activo, el flujo es fuerte. El cuerpo tiene alrededor de sí y a través de él, un campo energético denominado “cuerpo vital o doble etérico”. Este campo recibe energía de la fuerza vital que los hindúes llaman “prana”, los chinos denominan “chi”, y los psicólogos occidentales definen como “libido”. Esta fuerza es una energía universal que se encuentra en todas las cosas vivientes, y cuyo flujo apropiado es esencial para la vida y la salud.
Emociones. Las emociones, los sentimientos, los deseos y las pasiones pueden ser fuerzas muy poderosas y tienden a cambiar notablemente. Algunas veces nos sentimos felices y entusiasmados con la vida, y otras veces estamos deprimidos y letárgicos. Podemos estar enojados, tristes, amorosos y entusiasmados, todo, en un corto lapso de tiempo. Nuestros cuerpos están rodeados e interpenetrados por un campo de energía emocional, además del doble vital. Las emociones se propagan por este campo, y algunas veces amenazan con dominarnos.
La mente personal. El aspecto de la mente que se encuentra incluido en la personalidad está estrechamente conectado con el cerebro físico, y por ello se le denomina también mente cerebral o mente concreta, porque ve lo específico, está ligada a la tierra y es práctica, o también mente inferior, porque está más cercana al mundo alrededor de nosotros. A través de sus poderes, planeamos cuanto tenemos que hacer, encontramos direcciones, resolvemos problemas prácticos y organizamos nuestra vida cotidiana.
¿Puede usted concebirse a sí mismo sin su cuerpo, sin sus emociones o sin su mente “saltarina”? ¿Dejaría algunas de estas cosas? Usamos constantemente las energías y poderes de la personalidad, y usualmente pensamos que eso es lo que somos. No obstante, algunas veces alcanzamos otro nivel más profundo de nuestro ser, por ejemplo, cuando estamos inspirados. Cuando estamos completamente absortos en la apreciación de la naturaleza, en una obra de arte o de música, o en profunda devoción religiosa, podemos alcanzar un sentido más elevado de lo que somos. Esta forma de salir del yo cotidiano y elevarnos (que es lo que etimológicamente significa la palabra éxtasis), puede también ocurrir como resultado de un amor desinteresado, compasión y simpatía. El deseo o la intención espiritual, que nos da un sentido de dirección, es también un aspecto de la individualidad. Una forma de abrirnos a este aspecto de nosotros mismos, es a través de las experiencias de la meditación y la contemplación, en las cuales la mente se aquieta y se vuelca hacia lo interno, en vez de llevarnos hacia lo externo. La individualidad también se denomina Ser “superior” o inmortal, alma, o Ego que reencarna. Consiste en otro grupo de principios, incluyendo un aspecto abstracto de la mente que se relaciona con lo general y lo universal. La mente impersonal. La mente cerebral o inferior está condicionada por nuestras experiencias, y constantemente cambia debido a las influencias de dichas experiencias en el mundo. La mente impersonal, “superior” o abstracta, no se relaciona con nuestras impresiones sensoriales, sino con los principios universales que subyacen en la forma en la cual respondemos a la información que recibimos de nuestros sentidos. Las matemáticas y los símbolos, que pertenecen a una clase diferente de cosas, nos inclinan hacia un tipo de pensamientos más elevados e impersonales. La mente personal y la impersonal, no obstante, no son entidades separadas. Más bien, la mente personal es la forma en que la mente impersonal funciona a través del cerebro durante una encarnación. Ambas son aspectos de una sola mente, manas, en sánscrito. Intuición. Puede que usted se haya visto alguna vez rompiéndose la cabeza con algún problema o una idea. Entonces lo aparta de su mente y, sin previo aviso, le llega la respuesta. Este es un ejemplo de cómo la intuición trabaja por medio de la mente. La iluminación repentina es una característica de la intuición o buddhi, que es como se le denomina en sánscrito. Buddhi también despierta cierto sentido de unidad, ya sea con otra persona, con la naturaleza, con el planeta, el cosmos, o la Divinidad. Intención espiritual. Los principios de la intuición y la mente abstracta son dirigidos por la intención espiritual o la voluntad, que son un aspecto de atman, el Ser o la chispa divina, que enfoca nuestras energías en las metas espirituales de largo alcance y que nos da un sentido de dirección que proviene de lo más hondo de nuestro ser. Podemos percibir esta función del yo cuando sostenemos una intención lo suficientemente fuerte durante un largo período de tiempo, como cuando un estudiante graduado pospone las gratificaciones personales, o cuando nosotros persistimos en la práctica espiritual durante años. Los principios no son una parte separada de nosotros mismos. Más bien son aspectos del Ser único dentro de nosotros. Son las maneras en que la totalidad se expresa a sí misma en el mundo. Son como los colores del arcoiris que emergen de la luz blanca del espíritu o atman, la chispa interna que es una con la Divinidad. “Atman es Brahman” es una expresión oriental que, como la cristiana “Yo y mi Padre somos uno”, expresan el importante concepto de que somos uno con la Divinidad. Atman, nuestra parte divina, es el mismo centro de nuestro ser del cual emergen todos los principios, y es también la tierra sagrada que sostiene y apoya al universo. Viajamos desde nuestro hogar en atman hacia el mundo para ganar experiencia y regresar del viaje enriquecidos. Los mitos y los cuentos de hadas acerca de viajes, con frecuencia describen nuestro viaje hacia la personalidad y el cuerpo, y nuestro retorno a nuestro hogar en atman . La historia de Tom Thumb es una de ellas. El padre de Tom era un sastre y su madre era hilandera. El hilo representa la sustancia sin forma con la cual se teje el cosmos, y las telas que el sastre cortaba son las formas hechas con este hilo. Así, los padres de Tom simbolizan
atman o la esencia divina, de la cual todo emerge en sus aspectos complementarios masculino y femenino. Tom “no es más grande que tu dedo pulgar”. Atman se describe en los Upanishads como “más grande que lo grande”, o sea, universal, pero también, “más pequeño que lo pequeño”, un punto de lo Divino encerrado en el corazón de cada ser humano. Tom nació prematuramente, tal y como nosotros estamos aún sin formar e inexpertos al embarcarnos en nuestro viaje espiritual. Tom está dispuesto a abandonar el hogar y a sus padres para ver el mundo, lo mismo que nosotros estamos dispuestos a embarcarnos en una vida de experiencias. Durante sus aventuras, a Tom se lo traga una vaca, símbolo terreno que representa el tomar un cuerpo físico. También cae entre ladrones y se lo traga un zorro o un lobo, símbolos tradicionales de gula y voracidad, que indican la fuerte atadura al mundo físico. No obstante, Tom también guía a un caballo susurrándole al oído, lo cual sugiere que, a su debido tiempo, toma el control del cuerpo físico. Eventualmente, Tom regresa al hogar de sus padres, como un niño más sabio que cuando partió. El alma peregrina en nosotros, que viaja a través de los mundos materiales, es atman, como si fuera un punto divino revestido de la delicada envoltura búdica. A esta combinación de ambos se le llama mónada. Según ellas se embarcan en este viaje, quedan envueltas en la esfera de acción de manas, la mente impersonal. A través de este largo peregrinaje, los tres permanecen unidos como la individualidad y se reflejan de esta manera en el mundo. Como en el mito griego de Narciso, la individualidad se ciega con su propio reflejo, la personalidad, olvidándose de quién es verdaderamente. Nosotros, como individualidad, o sea, como atma-buddhi-manas, proyectamos muchas personalidades durante largos períodos de tiempo. Reflejados en estas personalidades, nos enfrentamos a retos y oportunidades que desarrollan cada vez más nuestros principios y capacidades. Las capacidades que desplegamos persisten en nuestra individualidad, según evolucionamos y las expresamos en el mundo. Nada de lo que nos ganamos se pierde jamás, aunque pueda permanecer inactivo durante cierto tiempo. Finalmente, empezamos a darnos cuenta del verdadero propósito de nuestro largo peregrinaje a través de muchas vidas. Quienes se interesan en conocer el significado de la vida a través de un estudio como la Teosofía, están comenzando su retorno al hogar. Surge entonces el deseo de trabajar para nuestro objetivo espiritual y nos sentimos inclinados a desarrollarnos deliberadamente y a vivir en mayor armonía con la parte más elevada de nuestro Ser. Como Tom Thumb, nos dirigimos hacia nuestro hogar en atman.
