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El Yoga: Una Perspectiva Teosófica

El yoga se ha convertido en una actividad de moda y muy popular en años recientes. Muchas personas que lo ven por televisión o en videos, o que participan de alguna manera en sus formas más conocidas, lo asocian con ejercicios físicos tales como pararse de cabeza, torcer el cuerpo en diversas posturas, o practicar el control de la respiración. Eso sería como suponer que la física teórica es sólo una manipulación de la información en la tabla periódica de los elementos, o que tocar un concierto de Mozart es simplemente ejecutar una variación de las escalas musicales.

El yoga puede también considerarse como una extraña importación de Oriente sin valor práctivo para el occidental. Pero en algunas de sus formas, el yoga es similar a las prácticas espirituales occidentales. Es una técnica de auto-descubrimiento que no es oriental ni occidental, sino universal.

La formas más popularizadas del yoga en Occidente han tendido a concentrarse en uno de los sistemas de esta gran ciencia. Ese sistema, que emplea diversos ejercicios físicos, incluyendo la respiración controlada, se conoce como hatha yoga, pero este método —como todos los sistemas de yoga— incluye también la práctica de la meditación. Aunque el hatha yoga hace énfasis en el entrenamiento del cuerpo físico, ese entrenamiento tiene el propósito de llegar a dominar el cuerpo para convertirlo en un servidor del Ser espiritual que mora en nosotros. Este método no difiere de las posiciones occidentales tradicionales que adoptan los fieles en las iglesas litúrgicas, que incluyen estar de pie, arrodillarse, prosternarse o sentarse.

Algunas de las disciplinas físicas del hatha yoga proporcionan un buen ejercicio, pero sin la comprensión misma del propósito esencial del yoga, constituyen solamente el cascarón externo. Utilizado sin adecuada guía ni preparación, el yoga puede también crear tensión en el cuerpo. Por eso otras formas de yoga podrían resultar más adecuadas para muchos occidentales.

Otro sistema de yoga que se ha hecho popular en Occidente es el mantra yoga, que consiste en la repetición de cánticos, frases sagradas o palabras, concentrando la atención en ellas. Este sistema implica, por lo tanto, el conocimiento del poder esotérico del sonido, ya que su propósito es entonar la naturaleza personal con una nota mucho más sutil que la de la conciencia despierta ordinaria, para que el individuo pueda eventualmente escuchar la voz divina interna.

El mantra yoga es similar a un cierto número de prácticas occidentales: los cánticos o cantos gregorianos, recitar el rosario, decir letanías, o rezar el Padre Nuestro en el cristianismo tradicional, que es la repetición del nombre de Jesús. Todas éstas son técnicas para enfocar la mente y concentrar la atención en la conciencia espiritual.

Hasta por esta breve referencia a los dos sistemas de yoga que han captado la atención de los estudiantes occidentales, se hace evidente que el objetivo del yoga es cambiar la naturaleza personal, para que ésta responda más al Ser interno. La propia palabra “yoga” nos da una clave de lo que realmente se trata. “Yoga” es una palabra en sánscrito que proviene de la misma antigua raíz de donde se deriva la palabra inglesa yoke, y del latín jungere (presente en palabras inglesas como junction, juncture y join). Esa raíz significa "unión".

Esta unión, que es el propósito del yoga, puede experimentarse en varios niveles. Las fuerzas de nuestro cuerpo y mente, que con frecuencia tiran unas de otras en distintas direcciones, necesitan unirse —ponerse en armonía, en un estado de unión plena. El cuerpo y la mente unidos tienen a su vez que conectarse con algo aún más profundo, que podemos llamar el espíritu o Ser inmortal, que es nuestra verdadera identidad detrás de las fluctuaciones de la personalidad. Y, finalmente, hay una última unión de nuestro ser individual con el Ser Supremo o Universal que mora dentro y más allá de todas las cosas, en cada uno de nosotros y alrededor nuestro.

La unión con lo infinito es la meta más elevada del yoga, y los varios sistemas de esta antigua ciencia están concebidos para llevarnos eventualmente a esa suprema unión. A causa de la semejanza de propósito de cada uno de esos métodos, la palabra yoga se emplea para designar todos los métodos mediante los cuales se alcanza esa unión. Cada método es una técnica de auto-exploración que involucra un sistema de auto-entrenamiento que lleva al cumplimiento de ese objetivo.

Muchos de los métodos de yoga se superponen en el uso de ciertas técnicas, y todos ellos reconocen la validez de ciertas disciplinas fundamentales. Estas incluyen una correcta disciplina física, correcta respiración, correcto comportamiento moral respecto de los demás y de uno mismo, y la práctica de la meditación. El entonamiento y la integración de cada uno de los aspectos de nuestra naturaleza —físico, emocional, mental y espiritual— es el propósito del yoga y la base de todas las disciplinas que enseñan los varios sistemas.

La práctica del yoga no es una tarea fácil, porque implica la completa armonización de todo nuestro ser. También requiere que el móvil de la auto-realización personal no sea egoísta, que no existan pensamientos de encumbramiento, ni deseos de tener poder sobre los demás. El yoga es una forma de altruismo o agape, un término cristiano que alude al amor divino expresado en nuestras vidas.

Entre los varios sistemas de yoga, cuatro son especialmente valiosos para los estudiantes occidentales. Estos son apropiados porque su uso exitoso requiere menos guía y dirección que algunos de los otros métodos. Estos cuatro sistemas están interconectados y en modo alguno excluyen a los demás. Cada uno se enfoca en un aspecto de la totalidad de nuestro ser y, por lo tanto, complementa a los otros.

Uno de esos sistemas es el denominado karma yoga. Este es el sendero de la acción, y es especialmente el camino de quienes se sienten movidos por alguna simpatía y están dispuestos a sufrir por ella. Quienes siguen este sendero de la acción purifican sus motivos y eliminan todo vestigio de interés egoísta. Este es el sendero de quienes, como la Madre Teresa, dedicaron su vida al servicio.

Para practicar karma yoga, sin embargo, no necesitamos vincularnos a ninguna orden religiosa, ni mudarnos a la India. Cada acto de ayuda, cada palabra o pensamiento no egoísta, son una práctica de karma yoga. A través de la simple preocupación por el bien de los demás, todos podemos ser seguidores del karma yoga y alcanzar una comprensión más profunda de la vida, y una unión más cercana a la vida divina que está en todas las cosas y en todos los seres.

Otro sistema de yoga es el denominado bhakti yoga o el sendero de la devoción. En éste, el énfasis principal es el amor, no simplemente como una emoción, sino como dedicación y auto-entrega a la Realidad Suprema, concebida de alguna forma, que puede ser una encarnación de Dios, como Cristo o Krishna, un gran sabio, una persona que ha alcanzado su realización en Dios, una persona iluminada a quien los devotos secundan, o puede ser una imagen mental divinizada, como la Madre Divina.

Este es el yoga en que se basa el cristianismo y algunas de las otras grandes religiones. Es el sendero que ayuda a muchas personas a comenzar a escalar las cumbres de la montaña de la unión espiritual, para quienes tienen una naturaleza devocional y su alegría es perderse en la adoración de lo divino. Pero podemos seguirlo honrando en las fuentes de la sabiduría y la compasión, dondequiera que éstas se encuentren.

Un tercer sistema es el jñana yoga, que hace énfasis en el conocimiento —no simplemente en el conocimiento ordinario de los hechos, sino que se adentra en las verdades eternas que yacen bajo la superficie de los acontecimientos de la vida. La palabra jñana yoga se relaciona con la palabra inglesa know, y con la griega gnosis. Alude al conocimiento que se obtiene de una experiencia directa de la realidad.

H. P. Blavatsky dijo que el jñana yoga es especialmente el yoga de Occidente. Quien lo sigue continuamente, lucha por alcanzar una comprensión más amplia y profunda de la vida. Como un buen científico, el seguidor del jñana yoga no teme descartar teorías o puntos de vista sobre la realidad que ya no son válidos, sino que siempre busca una visión no distorsionada de la totalidad. Cada uno de nosotros puede practicar esta forma de yoga contemplando todas las ideas alrededor de nosotros con discriminación crítica, y reservándonos los juicios sobre aquello que no comprendemos.

El cuarto sistema de yoga incorpora las características principales de todos los otros. Se le denomina raja yoga —la ciencia real. Este sendero incluye disciplinas para organizar nuestra vida, purificar las emociones, expandir el intelecto, y unificar todas las partes que constituyen nuestro ser, con una sola intención, que es desenredar nuestra auto-identificación con la fluctuante personalidad, y comprender que somos algo más, un ser inmortal idéntico a la Vida Divina universal.

Quienes siguen el sistema de raja yoga con frecuencia se vuelcan hacia las enseñanzas de los Yoga Sutras de Patanjali, el gran sabio de la India que vivió en el siglo II o III antes de Cristo. Esas enseñanzas constituyen los pasos preparatorios para la práctica del yoga y describen además la práctica misma. La preparación involucra una correcta acción de pensamiento, palabra, y obra —viviendo en base a los principios éticos que se encuentran en cada religión— y las disciplinas físicas preliminares para el yoga.

La práctica actual es una introspección regular por medio de la cual nos percatamos del Ser interno. Se empieza por escoger un lugar tranquilo, relajar el cuerpo, y cerrándonos a los sentidos, desconectarnos durante un rato de las distracciones del mundo, preparándonos para dar un paso de transición de conciencia, de lo externo a lo interno. Esta no es una práctica para realizar ocasionalmente, sino que es necesario seguirla día tras día, año tras año, si hemos de hacerla correctamente para obtener resultados.

Patanjali hizo un gran énfasis en el control y la calma de la mente. Definió el yoga como "la restricción de las modificaciones de la mente", y para esa finalidad recomendó tres pasos a seguir —concentración, meditación, y contemplación. Cada uno de ellos se entremezcla con el otro en la práctica, pero se mencionan separadamente para poder estudiarlos.

Para comenzar, es necesaria la concentración, porque la mente no desea aquietarse —se llena de memorias, deseos, de toda clase de recuerdos inconsecuentes, y está perturbada por preocupaciones y otros asuntos. El propósito de la concentración es ayudar a aquietar la mente para enfocarla en un objeto o idea, anulando así todos los pensamientos que provoquen distracción o sean irrelevantes. Resulta de gran ayuda comenzar con un simple objeto de atención, física o mental, y convertirlo por completo en intencional hasta quedar absorto en él.

Después de ese estado de concentración viene el próximo paso, la meditación, que es un flujo regular del pensamiento en relación con un objeto—puede ser una flor, una cualidad intangible, un gran maestro, o una idea abstracta. La meditación es un proceso más profundo que la concentración, y lleva a un estado en el cual uno penetra, comprende, y se convierte en uno con lo que piensa. De esta manera, va más allá de las imágenes y las formas, y se identifica con la vida interna.

Entonces viene ese estado climático de la contemplación, cuando uno ya no está preocupado con el objeto, ni con la idea, ni con el ser, sino que llega más allá, a un estado de quietud plena (un estado dinámico, no pasivo). Es entonces cuando del Ser espiritual puede llegar a la mente mortal una iluminación o penetración, un sentido de unidad y plenitud.

La experiencia de la contemplación es un estado de conciencia alerta y positivo, y por tanto es mucho más que un sentimiento emotivo o una percepción de las que se inducen artificialmente. En la quietud, el ser comprende la plenitud del ser y la paz dinámica. No pasa sobre la conciencia o el auto-control, pero transforma a la persona, trayéndole una iluminación y una certeza interna que puede serle de gran ayuda práctica en la vida cotidiana.

La meta final del yoga —la unión con el Espíritu Supremo— se denomina samadhi (en Budismo Zen, satori, y en el misticismo cristiano, conciencia divina). Independientemente del término que se utilice, significa la liberación del espíritu individual de su aprisionamiento en la limitada conciencia terrena. La experiencia de ese estado de bendición unificada se describe en la frase "la gota de rocío que se convierte en mar brillante". Paradójicamente, también podría describirse como “el mar que se convierte en una gota de rocío”.

Lecturas sugeridas: (en inglés) Todos estos libros pueden adquirirse en inglés en The Theosophical Publishing House (TSA).